26.7.06
23.5.06
Hoy es siempre todavía
Antes, todo era perfecto: los sentimientos estaban claros, el mañana era nuestro, y los tequieros, eternos. Yo vivía dando tantas cosas por sentado que hasta me sentía culpable por mi suerte cuando me preguntaban qué tal me iba.
Pero ahora ya no es antes.
Un día, el amor decidió marcharse de casa, y desde entonces todo es diferente: ahora no sé bien lo que siento, ni lo que sientes; no sé qué será de nosotros mañana, no sé... no sé demasiadas cosas. Hay tan poco que esté claro, que no sé ni qué responder cuando me preguntan qué tal.
Sin embargo, aquí estoy, volviendo por las noches de Burriana con tu olor, con el recuerdo de tus labios, con Placebo a todo volumen, con un nudo en el pecho, con la duda de si te veré mañana. Y eso me gusta, y me inquieta, y me hace sentir bien, y dudar, y pensar demasiado: me inestabiliza.
Y es que hacía mucho tiempo que no vivía al día, que tenía muy claro hacia dónde iba, cómo y con quién. Eso ya no es posible, y no puedo decir que me alegre, pero el único remedio es sacar fuerzas de donde sea y seguir hacia adelante.
Hoy es siempre todavía; y mañana, aún más.
Pero ahora ya no es antes.
Un día, el amor decidió marcharse de casa, y desde entonces todo es diferente: ahora no sé bien lo que siento, ni lo que sientes; no sé qué será de nosotros mañana, no sé... no sé demasiadas cosas. Hay tan poco que esté claro, que no sé ni qué responder cuando me preguntan qué tal.
Sin embargo, aquí estoy, volviendo por las noches de Burriana con tu olor, con el recuerdo de tus labios, con Placebo a todo volumen, con un nudo en el pecho, con la duda de si te veré mañana. Y eso me gusta, y me inquieta, y me hace sentir bien, y dudar, y pensar demasiado: me inestabiliza.
Y es que hacía mucho tiempo que no vivía al día, que tenía muy claro hacia dónde iba, cómo y con quién. Eso ya no es posible, y no puedo decir que me alegre, pero el único remedio es sacar fuerzas de donde sea y seguir hacia adelante.
Hoy es siempre todavía; y mañana, aún más.
7.5.06
2.5.06
[Microencuentro] Hipótesis
Si un día me pidieras volver, tendría que tomar la decisión equivocada más difícil de mi vida. Hipotéticamente hablando, claro.
28.4.06
Je chante encore
Me río del boxeo, las artes marciales y la lucha libre: las peores hostias se reciben persiguiendo sueños. En los míos, mañana se celebraba el cuarto aniversario de algo que iba a durar toda la vida. Hay que joderse.
En cierto modo, yo estoy a dos metros bajo tierra, con todas estas ilusiones muertas y ese sueño destrozado que casi se hizo realidad. A pesar de ello, aún no he muerto, y me quedan fuerzas para cantar, para buscar sueños nuevos, para abrir puertas que creía selladas y, en definitiva, para explorar un mundo que no había previsto que llegara a existir.
Hace cuatro años, tuve el valor de decirle a alguien que quería que tuviéramos algo muy especial juntos; hoy me parecía una buena fecha para decirle a mi nueva vida exactamentente lo mismo.
Six pieds sous terre, Jojo, tu chantes encore;
six pieds sous terre tu n'es pas mort.
Jacques Brel
En cierto modo, yo estoy a dos metros bajo tierra, con todas estas ilusiones muertas y ese sueño destrozado que casi se hizo realidad. A pesar de ello, aún no he muerto, y me quedan fuerzas para cantar, para buscar sueños nuevos, para abrir puertas que creía selladas y, en definitiva, para explorar un mundo que no había previsto que llegara a existir.
Hace cuatro años, tuve el valor de decirle a alguien que quería que tuviéramos algo muy especial juntos; hoy me parecía una buena fecha para decirle a mi nueva vida exactamentente lo mismo.
14.12.05
Torvalds se pee, Gnome se caga
Hace nada, Linus Torvalds expresó su opinión acerca del sistema de escritorio Gnome de una forma especialmente desagradable, despreciando a sus desarrolladores y llegando a llamarles «jodidos idiotas». No voy a entrar en la (aburridísima) polémica KDE/Gnome, que nunca llega a ningún sitio, pero el suceso en sí me parece suficientemente interesante como para dedicarle unos momentos de reflexión.
Para empezar, el señor Torvalds no es la primera vez que discute no sólo de forma agresiva, sino recurriendo a la provocación y el insulto; es memorable su discusión con Andrew Tanenbaum acerca de la arquitectura del núcleo. A mí me la trae muy floja si Linus tiene serias carencias en su inteligencia social y cree que la mejor forma de mostrar sus discrepancias con un proyecto es insultar a sus desarrolladores en la lista de correo, pero parece que hay muchísima gente dispuesta a tomarse en serio sus pueriles pataletas.
Y es que el mensaje que comenzó toda la polémica no hubiera pasado de ser considerado el ataque de un troll aburrido, estúpido y probablemente obeso si no hubiera llevado la firma de Linus Torvalds. Está claro que los desarrolladores del proyecto Gnome tienen muchísima experiencia en internet, y normalmente no perderían con un mensaje así más de diez segundos de su tiempo, pasando a descartarlo automáticamente, por provocador. Sin embargo, al ver que el autor era el celebérrimo Linus Torvalds, se han tomado la molestia de argumentar, reflexionar, y discutir con él; y, por si fuera poco, el tema se ha extendido por los blogs y por Slashdot y Barrapunto, como si se pretendiera que señalando a una mierda que acaba de estallar fuera a desaparecer su olor.
¿Dónde está la cultura hacker, la de la meritocracia, la de valorar cada opinión por sí misma ignorando si el autor es premio Nobel o si está en el corredor de la muerte? En estos momentos me pregunto para qué cojones perdió el tiempo Eric Raymond escribiendo «Cómo ser un hacker», si luego resulta que no se lo creen ni los que dicen que se lo creen. Tanto hablar de la importancia de las ideas, del comportamiento social en Internet y de los modelos de desarrollo libres, para acabar entrando en una acalorada discusión que se veía desde el principio que no iba a llegar a ningún sitio.
Lo que hubiera sido verdaderamente bello, lo que hubiera dejado huella para la posteridad y habría sido una lección para generaciones posteriores habría sido hacer callar a este hombre, o al menos exigirle que se disculpara y que expresara su opinión de otra forma. Es bastante probable que él, en su ya más que evidente arrogancia, se hubiera negado a hacerlo; sin embargo, alguien le habría dado una lección, y eso es algo que a los gurús endiosados no les pasa muy a menudo. Total, que al final nadie gana, pero Linus pierde.
Para empezar, el señor Torvalds no es la primera vez que discute no sólo de forma agresiva, sino recurriendo a la provocación y el insulto; es memorable su discusión con Andrew Tanenbaum acerca de la arquitectura del núcleo. A mí me la trae muy floja si Linus tiene serias carencias en su inteligencia social y cree que la mejor forma de mostrar sus discrepancias con un proyecto es insultar a sus desarrolladores en la lista de correo, pero parece que hay muchísima gente dispuesta a tomarse en serio sus pueriles pataletas.
Y es que el mensaje que comenzó toda la polémica no hubiera pasado de ser considerado el ataque de un troll aburrido, estúpido y probablemente obeso si no hubiera llevado la firma de Linus Torvalds. Está claro que los desarrolladores del proyecto Gnome tienen muchísima experiencia en internet, y normalmente no perderían con un mensaje así más de diez segundos de su tiempo, pasando a descartarlo automáticamente, por provocador. Sin embargo, al ver que el autor era el celebérrimo Linus Torvalds, se han tomado la molestia de argumentar, reflexionar, y discutir con él; y, por si fuera poco, el tema se ha extendido por los blogs y por Slashdot y Barrapunto, como si se pretendiera que señalando a una mierda que acaba de estallar fuera a desaparecer su olor.
¿Dónde está la cultura hacker, la de la meritocracia, la de valorar cada opinión por sí misma ignorando si el autor es premio Nobel o si está en el corredor de la muerte? En estos momentos me pregunto para qué cojones perdió el tiempo Eric Raymond escribiendo «Cómo ser un hacker», si luego resulta que no se lo creen ni los que dicen que se lo creen. Tanto hablar de la importancia de las ideas, del comportamiento social en Internet y de los modelos de desarrollo libres, para acabar entrando en una acalorada discusión que se veía desde el principio que no iba a llegar a ningún sitio.
Lo que hubiera sido verdaderamente bello, lo que hubiera dejado huella para la posteridad y habría sido una lección para generaciones posteriores habría sido hacer callar a este hombre, o al menos exigirle que se disculpara y que expresara su opinión de otra forma. Es bastante probable que él, en su ya más que evidente arrogancia, se hubiera negado a hacerlo; sin embargo, alguien le habría dado una lección, y eso es algo que a los gurús endiosados no les pasa muy a menudo. Total, que al final nadie gana, pero Linus pierde.
12.12.05
Filosofía de parada de autobús
No hay ninguna conversación en el mundo que me aburra más que esa en la que un tipo mucho más corto de entendederas de lo que él se cree se dedica a repetirte incesantemente cualquier obviedad estúpida que a su juicio es el gran descubrimiento humanístico o filosófico que ha de revolucionar el pensamiento del siglo XXI. Este tipo de conversación suele girar en torno a algún tópico manido hasta la saciedad, pero nuestro interlocutor siempre ignora este hecho y nos lo explica varias veces, insistiendo, repitiendo ideas y poniendo ejemplos, como si fuéramos demasiado tontos para entenderlo a la primera.
Los perpetradores de este delito contra la presunción de inteligencia del prójimo –porque lo sensato es empezar una conversación considerando que el otro es tan inteligente como uno, por lo menos– son por lo general hombres mayores que presumen de haber vivido mucho cuando en realidad sólo han vivido lo mismo muchas veces. Sus víctimas preferidas son los invitados a las bodas con una copa de más, y los jóvenes que aún no hemos terminado la carrera (no necesariamente en ese orden). Nos iluminan informándonos de que para encontrar trabajo lo mejor es un buen enchufe, de que a los violadores deberían colgarlos de los huevos, o de que no todos los inmigrantes son iguales. Nosotros, educados, sonreímos y hacemos como que estamos aprendiendo algo de ellos, aunque sólo sea por guardar las apariencias o por no herir sus sentimientos.
Probablemente, este tipo de personajes sean los mismos chistosos sin gracia de los que hablaba hace poco Hernán Casciari, introduciendo una dura pero interesante reflexión.
Supongo que es un triste consuelo, pero al menos la próxima vez que tenga que sonreír estoicamente a uno de estos filósofos semi-analfabetos podré consolarme pensando que tiene la mejor de las intenciones, a pesar de poseer la peor de las aptitudes.
Los perpetradores de este delito contra la presunción de inteligencia del prójimo –porque lo sensato es empezar una conversación considerando que el otro es tan inteligente como uno, por lo menos– son por lo general hombres mayores que presumen de haber vivido mucho cuando en realidad sólo han vivido lo mismo muchas veces. Sus víctimas preferidas son los invitados a las bodas con una copa de más, y los jóvenes que aún no hemos terminado la carrera (no necesariamente en ese orden). Nos iluminan informándonos de que para encontrar trabajo lo mejor es un buen enchufe, de que a los violadores deberían colgarlos de los huevos, o de que no todos los inmigrantes son iguales. Nosotros, educados, sonreímos y hacemos como que estamos aprendiendo algo de ellos, aunque sólo sea por guardar las apariencias o por no herir sus sentimientos.
Probablemente, este tipo de personajes sean los mismos chistosos sin gracia de los que hablaba hace poco Hernán Casciari, introduciendo una dura pero interesante reflexión.
No quiero demonizar al imbécil, porque en su pecado reside también su castigo. El hombre mediocre, en realidad, no es un tipo ruin, ni maldito, ni hijo de una gran puta. Es un pobre diablo. Pero tiene algo sin embargo que lo convierte en maléfico: nos obliga a optar entre ser hipócritas y sonreirle la gracia, o ser mal educados y mandarlo a la mierda. No nos deja la posibilidad de salir airosos de su discurso vulgar y repetitivo. Nos pone entre la espada del careteo y la pared de la violencia.
Hernán Casciari, en
«¿Me puede repetir la pregunta?»
Supongo que es un triste consuelo, pero al menos la próxima vez que tenga que sonreír estoicamente a uno de estos filósofos semi-analfabetos podré consolarme pensando que tiene la mejor de las intenciones, a pesar de poseer la peor de las aptitudes.
10.12.05
Homenaje tardío de un catorce de septiembre
Jamás me atreví a decírtelo, pero siempre tuve claro que en esta historia, desde el principio, la verdadera heroína fuiste tú.
Tú sabías mejor que nadie cómo iba a terminar todo. Tenías claro que él no iba a llegar a la treintena, que no había solución, que algún día se marcharía para siempre y nos dejaría a todos con cara de resignación y un montón de cosas por decirle.
Y tú te mantuviste a su lado, luchando contra el miedo, amándole y sonriendo; y cuando llegó el fatal desenlace nos abrazaste a todos con ojos llorosos, pero sin dejar de transmitir toda esa fuerza que escondes bajo tu aparente fragilidad.
Yo no sé hacia dónde irán ahora tus pasos, pero al menos puedo confiar en que no hay en el mundo tormenta que pueda hacer zozobrar el barco de tus sueños.
Tú sabías mejor que nadie cómo iba a terminar todo. Tenías claro que él no iba a llegar a la treintena, que no había solución, que algún día se marcharía para siempre y nos dejaría a todos con cara de resignación y un montón de cosas por decirle.
Y tú te mantuviste a su lado, luchando contra el miedo, amándole y sonriendo; y cuando llegó el fatal desenlace nos abrazaste a todos con ojos llorosos, pero sin dejar de transmitir toda esa fuerza que escondes bajo tu aparente fragilidad.
Yo no sé hacia dónde irán ahora tus pasos, pero al menos puedo confiar en que no hay en el mundo tormenta que pueda hacer zozobrar el barco de tus sueños.
16.10.05
Mierda
¿Qué es peor que pisar una mierda de perro el viernes por la noche? Pues pisar una mierda de perro el viernes por la noche, salir el sábado con otros zapatos y pisar otra mierda de perro.
No llevo demasiado tiempo en Brest, pero algo me hace sospechar que tiene uno de los mayores índices de mierdas de perro por habitante del mundo. Peor aún, me inquieta la posibilidad de que los informes, malolientes y resbaladizos montoncitos color marrón verdoso no sean precisamente de perro.
Sea como sea, nunca me había fijado en que las suelas de los zapatos tienen recovecos prácticamente inalcanzables, auténticos paraísos para los trozos de mierda resecos que deciden quedarse a hacerte compañía incluso después de que hayas aplicado escrupulosamente agua y jabón. Uno acaba pensando que los diseñadores de suelas de zapatos sienten algún extraño tipo de placer sádico cuando deciden incluir muescas estrechas y redondeadas especialmente difíciles de limpiar: «Joder, el zapato es feo, pero esta suela va a recoger más mierda reseca que ninguna que haya diseñado antes el hombre».
Supongo que la solución provisional pasará por mirar al suelo mientras camino y, por si esto falla, comprar un cepillo.
No llevo demasiado tiempo en Brest, pero algo me hace sospechar que tiene uno de los mayores índices de mierdas de perro por habitante del mundo. Peor aún, me inquieta la posibilidad de que los informes, malolientes y resbaladizos montoncitos color marrón verdoso no sean precisamente de perro.
Sea como sea, nunca me había fijado en que las suelas de los zapatos tienen recovecos prácticamente inalcanzables, auténticos paraísos para los trozos de mierda resecos que deciden quedarse a hacerte compañía incluso después de que hayas aplicado escrupulosamente agua y jabón. Uno acaba pensando que los diseñadores de suelas de zapatos sienten algún extraño tipo de placer sádico cuando deciden incluir muescas estrechas y redondeadas especialmente difíciles de limpiar: «Joder, el zapato es feo, pero esta suela va a recoger más mierda reseca que ninguna que haya diseñado antes el hombre».
Supongo que la solución provisional pasará por mirar al suelo mientras camino y, por si esto falla, comprar un cepillo.
4.10.05
Es mi opinión
Creo que no me equivoco si digo que nada ha hecho tanto daño a la capacidad de raciocinio del homo sapiens medio como la mal llamada «libertad de opinión», que en realidad no es otra cosa que el relativismo aplicado por imbéciles. Y lo digo con conocimento de causa, porque cada vez más a menudo me veo obligado a retirarme de una discusión insultantemente absurda sólo porque la otra persona considera que la barbaridad que acaba de decir merece respeto por el mero hecho de ser su opinión.
Parece ser que cualquier estupidez supina puede pasar por argumento válido si se la disfraza de opinión, a menos que contradiga alguna conocida ley de la física más elemental. Vamos, que es cierto que nadie da crédito a la opinión de que si salto de un noveno no me voy a hacer daño, pero cuando se entra en terrenos más nebulosos el asunto se complica bastante, y a menudo cuesta hacer entender al otro que sólo con opiniones no se va a ninguna parte.
Lo voy a decir claro: una opinión, desnuda y sin aliño, no vale una mierda; o, dicho de otro modo: una opinión vale, simple y llanamente, lo mismo que los argumentos que la sostienen. Supongo que para que esto empiece a entrar en las cabezotas de nuestros contertulios, es necesario un cambio radical de planteamiento: que, a partir de ahora, ninguna opinión merezca respeto hasta que se lo gane.
Si de verdad nos creemos este razonamiento, si empezamos a exigir y dar razonamientos coherentes, y si empezamos a no escudar nuestra ignorancia en la seguridad de que todo es opinable (especialmente cuando se desconoce el tema por completo) puede que algún día empecemos a aprender cosas en el café, en lugar de pasárnoslo tratando de convencer a los demás de que opinamos que están equivocados y que, por lo tanto, lo están.
PD: Eso sí, es un hecho que Idaira desafina, y por lo tanto no merece estar en la Academia. He dicho.
Parece ser que cualquier estupidez supina puede pasar por argumento válido si se la disfraza de opinión, a menos que contradiga alguna conocida ley de la física más elemental. Vamos, que es cierto que nadie da crédito a la opinión de que si salto de un noveno no me voy a hacer daño, pero cuando se entra en terrenos más nebulosos el asunto se complica bastante, y a menudo cuesta hacer entender al otro que sólo con opiniones no se va a ninguna parte.
Lo voy a decir claro: una opinión, desnuda y sin aliño, no vale una mierda; o, dicho de otro modo: una opinión vale, simple y llanamente, lo mismo que los argumentos que la sostienen. Supongo que para que esto empiece a entrar en las cabezotas de nuestros contertulios, es necesario un cambio radical de planteamiento: que, a partir de ahora, ninguna opinión merezca respeto hasta que se lo gane.
Si de verdad nos creemos este razonamiento, si empezamos a exigir y dar razonamientos coherentes, y si empezamos a no escudar nuestra ignorancia en la seguridad de que todo es opinable (especialmente cuando se desconoce el tema por completo) puede que algún día empecemos a aprender cosas en el café, en lugar de pasárnoslo tratando de convencer a los demás de que opinamos que están equivocados y que, por lo tanto, lo están.
PD: Eso sí, es un hecho que Idaira desafina, y por lo tanto no merece estar en la Academia. He dicho.
15.9.05
Elegía
Algo me dice que, estés donde estés, ahora mismo casi te hace gracia que te esté llorando tanto. Igual ni te lo imaginabas, pero siempre te hiciste querer, cabroncete.
Descansa en paz, y ve preparando unas birras. Nos vemos antes de cien años.
Descansa en paz, y ve preparando unas birras. Nos vemos antes de cien años.
31.7.05
[Foto] Microbotánica urbana
He decidido participar en la gimkana fotográfica organizada por algunos colegas bloggers este verano. La verdad es que me apetecía sacar la cámara de casa y probar algunas cosas, así que ha sido la excusa perfecta para pasar un rato entretenido y, de paso, retozar por el césped un rato.
El tema de la semana era «Formas de la naturaleza», y la foto que yo presento se titula «Microbotánica urbana». Para ser la primera vez que salgo a hacer fotos, me siento bastante satisfecho:

La decisión ha sido dura, he estado dudando entre esa y un par de fotos más, pero creo haber elegido bien. En fin, que poco a poco se aprende.
El tema de la semana era «Formas de la naturaleza», y la foto que yo presento se titula «Microbotánica urbana». Para ser la primera vez que salgo a hacer fotos, me siento bastante satisfecho:

La decisión ha sido dura, he estado dudando entre esa y un par de fotos más, pero creo haber elegido bien. En fin, que poco a poco se aprende.
28.7.05
I cut myself
It is that I cut myself with this bar's letter, o, dicho de otro modo, es que me parto la caja con la carta de este bar:

Aparte de los predecibles brave potatoes y octopus to the Galician, hay sepia to the iron (ahí, que se note que la sepia es producto autóctono) y un squids to the Roman one, como queriendo hacer ver que se conoce bien la gramática, y planteando la seria duda filológica de por qué se dice to the Roman one en un sitio y to the Galician en otro.
Hilarious. Sólo falta la Valencian for-her para tener un bingo completo.

Aparte de los predecibles brave potatoes y octopus to the Galician, hay sepia to the iron (ahí, que se note que la sepia es producto autóctono) y un squids to the Roman one, como queriendo hacer ver que se conoce bien la gramática, y planteando la seria duda filológica de por qué se dice to the Roman one en un sitio y to the Galician en otro.
Hilarious. Sólo falta la Valencian for-her para tener un bingo completo.
28.6.05
Legítimamente orgulloso
Hoy, 28 de junio, es el día del Orgullo Gay, por lo que muchas ciudades organizan el próximo fin de semana la ya habitual manifestación, desfile, o como quiera que se pueda llamar a semejante mezcla de fiesta y reivindicación.
Al llegar estas fechas, muchos heterosexuales se preguntan por qué tiene que haber un día del orgullo gay, como si hubiera algún mérito en tener determinada orientación sexual. Y la verdad es que, superficialmente, esa objeción parece tener mucho sentido; sin embargo, un análisis un poco más detallado de la realidad nos lleva a conclusiones totalmente distintas.
A los heterosexuales nadie les pregunta cómo puede ser que les gusten las personas del otro sexo; tampoco nadie les mira con una mezcla de sorpresa y asco cuando se besan en público, y sus padres no les amenazan con echarles de casa al cumplir los dieciocho si no están dispuestos a cambiar. Los heterosexuales pueden mencionar a su pareja en todo tipo de conversaciones sin temor a represalias sociales ni familiares, y no tienen que pasar por el suplicio de esconder temporalmente un secreto a sus más íntimos amigos.
Para más inri, actos que se consideran normales en las personas heterosexuales son interpretados por algunas personas como una especie de desafío si vienen de un homosexual: si hace comentarios acerca del atractivo físico de otras personas, si besa a su pareja en público o si habla con naturalidad de su último ligue, le acusarán de airear su sexualidad de forma ostentosa e innecesaria.
Precisamente por eso, por tener que andar luchando por cosas que deberían estar más que conquistadas, y por tener que pasarse la vida dando explicaciones innecesarias, es por lo que existe el Orgullo Gay. De hecho, creo firmemente que los objetivos del activismo homosexual se habrán cumplido en el momento en que el día del Orgullo deje de tener sentido.
Al llegar estas fechas, muchos heterosexuales se preguntan por qué tiene que haber un día del orgullo gay, como si hubiera algún mérito en tener determinada orientación sexual. Y la verdad es que, superficialmente, esa objeción parece tener mucho sentido; sin embargo, un análisis un poco más detallado de la realidad nos lleva a conclusiones totalmente distintas.
A los heterosexuales nadie les pregunta cómo puede ser que les gusten las personas del otro sexo; tampoco nadie les mira con una mezcla de sorpresa y asco cuando se besan en público, y sus padres no les amenazan con echarles de casa al cumplir los dieciocho si no están dispuestos a cambiar. Los heterosexuales pueden mencionar a su pareja en todo tipo de conversaciones sin temor a represalias sociales ni familiares, y no tienen que pasar por el suplicio de esconder temporalmente un secreto a sus más íntimos amigos.
Para más inri, actos que se consideran normales en las personas heterosexuales son interpretados por algunas personas como una especie de desafío si vienen de un homosexual: si hace comentarios acerca del atractivo físico de otras personas, si besa a su pareja en público o si habla con naturalidad de su último ligue, le acusarán de airear su sexualidad de forma ostentosa e innecesaria.
Precisamente por eso, por tener que andar luchando por cosas que deberían estar más que conquistadas, y por tener que pasarse la vida dando explicaciones innecesarias, es por lo que existe el Orgullo Gay. De hecho, creo firmemente que los objetivos del activismo homosexual se habrán cumplido en el momento en que el día del Orgullo deje de tener sentido.
17.6.05
Una pena
Es una pena, pero no voy a poder ir a la estupenda manifestación de mañana en Madrid en contra de los matrimonios homosexuales (y no a favor de la familia, como quieren hacernos creer unos cuantos). Lástima, seguro que en primera fila va gente de opiniones tan respetables como Ana Botella, quien seguro que podría deleitarme con una sesuda reflexión sobre las peras, las manzanas, y quizá hasta la macedonia.
En fin (y dejando el sarcasmo a un lado), si alguien tiene tiempo libre que se acerque por Madrid, que actúa Carlinhos Brown. La manifestación del odio y la intolerancia disfrazadas de defensa de lo social estará sólo a unas pocas calles.

Y si te apetece, pásalo.
En fin (y dejando el sarcasmo a un lado), si alguien tiene tiempo libre que se acerque por Madrid, que actúa Carlinhos Brown. La manifestación del odio y la intolerancia disfrazadas de defensa de lo social estará sólo a unas pocas calles.

Y si te apetece, pásalo.
8.6.05
[Minicuento] Trabajando de madrugada
El ordenador emitió un sonido familiar, y se alzó una ventana; alguien le hablaba.
Él supo que acertaba al imaginarse que al otro lado la canción ya sonaba por novena vez, y que alguien sonreía feliz mientras le bajaban dos lágrimas por las mejillas.
Eru dice: las mejores canciones siempre son las que me hacen llorar
Eru dice: la habré escuchado unas ocho veces seguidas
EJota dice: siempre igual, cada vez que descubres una canción que te emociona te pones de un pesao que no hay quien te aguante
EJota dice: además, a ver si vas terminando eso que cuando me lo pases yo todavía tengo que juntarlo todo y arreglar el formato
Él supo que acertaba al imaginarse que al otro lado la canción ya sonaba por novena vez, y que alguien sonreía feliz mientras le bajaban dos lágrimas por las mejillas.
6.6.05
El testigo musical sacando a Eru de sus cenizas
¡No sufráis, no me he muerto! Hoy mismo tenía que entregar el que posiblemente es el trabajo más duro de la carrera (y no es el proyecto), así que he tenido que dejar el blog un poco de lado.
Para ir volviendo a coger carrerilla, contesto al (ya archiconocido) testigo que me pasó Jaco
Testigo recibido de:
Pues eso, de Jaco, Jacobo, *J :)
Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:
Aquí poco más de 2Gb; en el viejo tengo más, pero lleva meses con la fuente de alimentación rota (vale, no lo usa nadie). De todas formas, me gusta más escuchar las mismas cuatro cosas hasta la saciedad que atesorar millones de canciones.
Último disco que me compré:
Esta sí que es difícil. La verdad es que no recuerdo haber comprado un disco en MUCHO tiempo.
Canción que estoy escuchando ahora:
«Quan es faci fosc», de Sopa de Cabra.
5 canciones que escucho un montón o con algún significado para mí:
¿Solo cinco? Veamos:
* «Ojalá», de Silvio Rodríguez: la primera vez que la escuché me hizo estremecer, y desde entonces estoy enamorado de ella.
* «La chispa adecuada», de Héroes del Silencio: no sé exactamente por qué, pero la escuchaba mucho en esa época de mi vida en la que odiaba ser quien soy, me sentía solo y además estaba perdidamente enamorado de alguien que sabía que no me iba a querer jamás. Ah, y que es una canción brutal, no lo olvidemos.
* Casi cualquiera de Ismael Serrano, pero (si se me permite) me quedo con «Ya ves» y «Tierna y dulce historia de amor» (sí, sí, la del diputado que se enamora de la quinceañera).
* «Amarok», de Mike Oldfield: sesenta minutos de música, sin cortes. Mike Oldfield la compuso poco después de «Tubular Bells», y a la compañía de discos le pareció demasiado extraña para venderla en grandes cantidades y se negaron a producirla. La pagó él de su bolsillo y, que yo sepa, cuesta mucho encontrar originales.
* Y algunas de Magnatune, como The tale of room 620 (Ehren Starks) o Segue (Curandero).
5 personas que tendrán que recoger el testigo y poner el mismo post, si se animan:
La verdad es que como esto ya ha crecido bastante (exponencialmente, así cualquiera), y además «meme» y «memez» se distinguen sólo por muy poco, lo voy a cortar aquí. Que no, que no se lo paso a nadie.
Para ir volviendo a coger carrerilla, contesto al (ya archiconocido) testigo que me pasó Jaco
Testigo recibido de:
Pues eso, de Jaco, Jacobo, *J :)
Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:
Aquí poco más de 2Gb; en el viejo tengo más, pero lleva meses con la fuente de alimentación rota (vale, no lo usa nadie). De todas formas, me gusta más escuchar las mismas cuatro cosas hasta la saciedad que atesorar millones de canciones.
Último disco que me compré:
Esta sí que es difícil. La verdad es que no recuerdo haber comprado un disco en MUCHO tiempo.
Canción que estoy escuchando ahora:
«Quan es faci fosc», de Sopa de Cabra.
5 canciones que escucho un montón o con algún significado para mí:
¿Solo cinco? Veamos:
* «Ojalá», de Silvio Rodríguez: la primera vez que la escuché me hizo estremecer, y desde entonces estoy enamorado de ella.
* «La chispa adecuada», de Héroes del Silencio: no sé exactamente por qué, pero la escuchaba mucho en esa época de mi vida en la que odiaba ser quien soy, me sentía solo y además estaba perdidamente enamorado de alguien que sabía que no me iba a querer jamás. Ah, y que es una canción brutal, no lo olvidemos.
* Casi cualquiera de Ismael Serrano, pero (si se me permite) me quedo con «Ya ves» y «Tierna y dulce historia de amor» (sí, sí, la del diputado que se enamora de la quinceañera).
* «Amarok», de Mike Oldfield: sesenta minutos de música, sin cortes. Mike Oldfield la compuso poco después de «Tubular Bells», y a la compañía de discos le pareció demasiado extraña para venderla en grandes cantidades y se negaron a producirla. La pagó él de su bolsillo y, que yo sepa, cuesta mucho encontrar originales.
* Y algunas de Magnatune, como The tale of room 620 (Ehren Starks) o Segue (Curandero).
5 personas que tendrán que recoger el testigo y poner el mismo post, si se animan:
La verdad es que como esto ya ha crecido bastante (exponencialmente, así cualquiera), y además «meme» y «memez» se distinguen sólo por muy poco, lo voy a cortar aquí. Que no, que no se lo paso a nadie.
18.5.05
Felicidad y menudencias
Pedro Cid se preguntaba hace nada en su blog en qué consistirá exactamente la felicidad, y de qué forma nos podemos acercar a ella. Y yo, cuantas más vueltas le doy, más claro tengo que si no somos capaces de encontrar las respuestas es porque en realidad todo es extraordinariamente sencillo y transparente.
Hace algo más de dos mil años, el hijo de un carpintero revolucionó las ideas filosóficas de sus compatriotas judíos, siendo el primero que se atrevió a decir que la felicidad sólo se consigue cuando se regala, y que para llenar el corazón hace falta entregarlo a los demás. Y ya está.
Aún hoy se escriben montones de libros de autoayuda, y muchos recogen precisamente esas ideas y las convierten en un best-seller. Pero lo verdaderamente maravilloso es que no hace falta leer doscientas páginas de escritura descuidada, ni memorizar las siete claves del éxito, ni aprender complejos patrones de comportamiento que nos acerquen a la tan ansiada felicidad.
En realidad, todo lo que se necesita es vencer las dos patologías más extendidas del mundo occidental: el miedo y la vergüenza. Si lo conseguimos, nos atreveremos a decirle a ese compañero cuánto valoramos su amistad, a llevarle a esa amiga una copia enmarcada de aquella foto que nos hicimos en la discoteca a las cinco de la mañana, o a agradecerles a nuestros padres que hayan trabajado tanto para que llegásemos a ser quienes somos.
Y es que el secreto está en cuidar los gestos pequeños: si cada día hacemos sonreír a una persona, poco a poco veremos cómo los demás vencen sus propios miedos y nos devuelven, con creces, todo lo que hemos dado por ellos. El resto de cosas que el alma de cada uno necesita (esa novia, esa autoestima perdida, ese sentirse valorado y querido) vendrán, como ya dijo aquél célebre hijo de carpintero, por añadidura.
Hace algo más de dos mil años, el hijo de un carpintero revolucionó las ideas filosóficas de sus compatriotas judíos, siendo el primero que se atrevió a decir que la felicidad sólo se consigue cuando se regala, y que para llenar el corazón hace falta entregarlo a los demás. Y ya está.
Aún hoy se escriben montones de libros de autoayuda, y muchos recogen precisamente esas ideas y las convierten en un best-seller. Pero lo verdaderamente maravilloso es que no hace falta leer doscientas páginas de escritura descuidada, ni memorizar las siete claves del éxito, ni aprender complejos patrones de comportamiento que nos acerquen a la tan ansiada felicidad.
En realidad, todo lo que se necesita es vencer las dos patologías más extendidas del mundo occidental: el miedo y la vergüenza. Si lo conseguimos, nos atreveremos a decirle a ese compañero cuánto valoramos su amistad, a llevarle a esa amiga una copia enmarcada de aquella foto que nos hicimos en la discoteca a las cinco de la mañana, o a agradecerles a nuestros padres que hayan trabajado tanto para que llegásemos a ser quienes somos.
Y es que el secreto está en cuidar los gestos pequeños: si cada día hacemos sonreír a una persona, poco a poco veremos cómo los demás vencen sus propios miedos y nos devuelven, con creces, todo lo que hemos dado por ellos. El resto de cosas que el alma de cada uno necesita (esa novia, esa autoestima perdida, ese sentirse valorado y querido) vendrán, como ya dijo aquél célebre hijo de carpintero, por añadidura.
17.5.05
[Microcuento] El unicornio azul
Mientras se abrazaban desnudos en el sofá, le dijo que lo consideraba su unicornio azul, como en aquella canción de Silvio. Disimulando la emoción, él le mordisqueó suavemente la nariz y entre risas le contestó que lo bonito de las metáforas es, precisamente, no tener que explicarlas.
Mientras Chuck Norris anunciaba un aparato de gimnasia en la teletienda, siguieron besándose en silencio; y es que los unicornios azules aman con pasión las cosas extraordinarias que se esconden en las situaciones normales y corrientes.
Mientras Chuck Norris anunciaba un aparato de gimnasia en la teletienda, siguieron besándose en silencio; y es que los unicornios azules aman con pasión las cosas extraordinarias que se esconden en las situaciones normales y corrientes.
10.5.05
Las parejas invisibles
Las parejas invisibles deambulan por las ciudades mucho más a menudo de lo que la gente cree: pasean por el centro, miran escaparates, o se toman un cortado y una cocacola en cualquier cafetería. Todo el mundo las ha visto mil veces sin saberlo, y pensó que eran sólo dos chicos, o dos chicas, que habían salido a dar una vuelta.
Son parejas que en la calle no se dan la mano, ni se besan, y que incluso evitan las miradas de complicidad que inconscientemente comparten todos los enamorados. Luego, por fin a solas, los miedos quedan del otro lado de la ventana y sus cuerpos expresan todos los sentimientos que han estado conteniendo durante horas.
La peor discriminación es la que se produce no por falta de derechos, sino por la incapacidad de ejercerlos. Y, en este caso, el miedo a las miradas reprobatorias, a los cuchicheos mal disimulados o incluso a la violencia física es el mayor impedimento para hacer uso de una libertad que demasiado a menudo se da por supuesta pero no se garantiza.
Lo más curioso de las parejas invisibles es que sucede como con los elefantes rosas: una vez te las mencionan, no puedes no pensar en ellas. Es posible que haya quien después de leer esto las vea por todas partes y, de repente, descubra que la invisibilidad surge a partes iguales de quien ve y de quien es visto.
Al menos, me queda la esperanza de que si todos proclamamos su existencia, quizá la ciudad se vaya acostumbrando a encontrarlas, para finalmente aburrirse de verlas besarse. Sólo entonces estas parejas podrán volver a ser, como todo el mundo, felizmente invisibles.
Son parejas que en la calle no se dan la mano, ni se besan, y que incluso evitan las miradas de complicidad que inconscientemente comparten todos los enamorados. Luego, por fin a solas, los miedos quedan del otro lado de la ventana y sus cuerpos expresan todos los sentimientos que han estado conteniendo durante horas.
La peor discriminación es la que se produce no por falta de derechos, sino por la incapacidad de ejercerlos. Y, en este caso, el miedo a las miradas reprobatorias, a los cuchicheos mal disimulados o incluso a la violencia física es el mayor impedimento para hacer uso de una libertad que demasiado a menudo se da por supuesta pero no se garantiza.
Lo más curioso de las parejas invisibles es que sucede como con los elefantes rosas: una vez te las mencionan, no puedes no pensar en ellas. Es posible que haya quien después de leer esto las vea por todas partes y, de repente, descubra que la invisibilidad surge a partes iguales de quien ve y de quien es visto.
Al menos, me queda la esperanza de que si todos proclamamos su existencia, quizá la ciudad se vaya acostumbrando a encontrarlas, para finalmente aburrirse de verlas besarse. Sólo entonces estas parejas podrán volver a ser, como todo el mundo, felizmente invisibles.
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