10.5.05

Las parejas invisibles

Las parejas invisibles deambulan por las ciudades mucho más a menudo de lo que la gente cree: pasean por el centro, miran escaparates, o se toman un cortado y una cocacola en cualquier cafetería. Todo el mundo las ha visto mil veces sin saberlo, y pensó que eran sólo dos chicos, o dos chicas, que habían salido a dar una vuelta.

Son parejas que en la calle no se dan la mano, ni se besan, y que incluso evitan las miradas de complicidad que inconscientemente comparten todos los enamorados. Luego, por fin a solas, los miedos quedan del otro lado de la ventana y sus cuerpos expresan todos los sentimientos que han estado conteniendo durante horas.

La peor discriminación es la que se produce no por falta de derechos, sino por la incapacidad de ejercerlos. Y, en este caso, el miedo a las miradas reprobatorias, a los cuchicheos mal disimulados o incluso a la violencia física es el mayor impedimento para hacer uso de una libertad que demasiado a menudo se da por supuesta pero no se garantiza.

Lo más curioso de las parejas invisibles es que sucede como con los elefantes rosas: una vez te las mencionan, no puedes no pensar en ellas. Es posible que haya quien después de leer esto las vea por todas partes y, de repente, descubra que la invisibilidad surge a partes iguales de quien ve y de quien es visto.

Al menos, me queda la esperanza de que si todos proclamamos su existencia, quizá la ciudad se vaya acostumbrando a encontrarlas, para finalmente aburrirse de verlas besarse. Sólo entonces estas parejas podrán volver a ser, como todo el mundo, felizmente invisibles.

6.5.05

[Audioentrada] Ya ves

A menudo me siento aquí delante, cojo la guitarra y le canto al aire las mismas canciones que cuando tengo ocasión dedico a mis amigos. Por unos instantes, secuestro una canción de Ismael Serrano, Silvio Rodríguez, Pedro Guerra o incluso Daniel Higiénico, y mientras acaricio estas seis cuerdas que tantas satisfacciones me han dado, la hago mía y al mismo tiempo le regalo una parte de mí.

Como todos los músicos, yo también soy un poco vanidoso, y, después de hacer mil y una pruebas, he conseguido una grabación casera medianamente aceptable de una canción que puedo enseñar al mundo entero con cierto orgullo contenido. Con sólo el micro integrado del portátil, una grabación sin retoques y una tubería de
Gstreamer para pasar a mp3, me las he apañado para ofreceros mi particular versión de «Ya ves», de Ismael Serrano:

«Ya ves», interpretado por Daniel Ripollés

El mp3 ocupa casi 9 megas, pero como el ancho de banda de bajada hoy en día suele ser bastante grande, supongo que no será un gran problema.

Como curiosidad, resaltar que cuando Ismael canta en femenino yo lo hago en masculino; rarezas que tiene uno.

Por supuesto, el fichero de audio que ofrezco no es más que mi interpretación personal (y sin ánimo de lucro) de una obra de un artista al que admiro y respeto. Por si las moscas :)

5.5.05

* Eru quita el modo +Apático

La parte buena de que todo te dé igual es que todo te da igual, por lo que no has de preocuparte demasiado; la parte mala es que siempre hay algo que no te da igual y te acaba jodiendo la aparente felicidad Zen en la que te encuentras.

Cuando te das cuenta de que te acuestas a las cinco de la madrugada sin haber hecho nada productivo, de que podrías levantarte más pronto pero no tienes ninguna motivación que te empuje a hacer el esfuerzo y de que cada vez te cuesta más enfrentarte a los problemillas cotidianos, decides que es el momento de parar, mirarse al espejo y decidirse a arreglar las cosas.

Acostarme algo más pronto, dormir siete horas, ponerme a muerte con el compilador; parece una tontería pero ir haciendo cosas como esas me están ayudando a sentirme mejor; y cómo no, escribir entra dentro de esa categoría.

Vamos, que estoy de vuelta; que no me he muerto, que sigo con ganas de criticar al universo en general (y al mundo en particular), de escribir las historias que pasan por mi enfermiza cabezota, e incluso de torturar al mundo con mis producciones musicales (ehem).

Permanezcan atentos a sus pantallas.

PD: Comentaba el colega Peralta que estaría bien que la gente del Planet diéramos las IDs de Jabber y tal. Invitados estáis a charlar conmigo:

JID: ripolles arrobita aditel puntito org

6.4.05

Más papistas que el Papa

Vale que se muera una de las personalidades más reconocidas en todo el mundo, cabeza visible de la Iglesia Católica e influyente donde las haya. Vale que se le hagan homenajes, que se recuerden los momentos más destacados de su vida, y que se alaben sus (parece ser) innumerables cualidades.

Pero ya está bien. Decían hoy en la radio que por la capilla ardiente pasan unas trescientas personas por minuto; que se están fletando aviones, autobuses; que la Plaza de San Pedro está abarrotada y llena de cantos, de rezos, de minutos de silencio y hasta de llantos desconsolados.

De todo este circo, lo primero que me llama la atención es, curiosamente, una triquiñuela bien conocida: para convertirse en la mejor persona del mundo, no hay nada como morirse. De repente, la memoria colectiva sufre una especie de colapso y nadie se acuerda del Papa que rechazó en plano los métodos anticonceptivos, del impulsor de la repugnante doble moral eclesiástica de amar a los homosexuales y aborrecer sus relaciones, del que ha llevado a lo más alto a polémicos grupos ultraconservadores como el Opus Dei.

Otra cosa que, en cierto modo, me ha hecho tirarme de los pelos por bastante tiempo, ha sido la hipocresía de los medios de comunicación en los últimos meses con respecto a la salud del pontífice. Todas las televisiones hablando de la buena salud del Papa, y él mientras tanto asfixiándose y mostrando evidentes signos de decrepitud.

Eso sí, de la cabeza estaba perfecto; me gustaría ver a quien dijo eso con parkinson, dificultades respiratorias y achaques varios tratando de hacer algo tan tonto como la lista de la compra. Eso sí el señor Karol tenía tal fortaleza mental que era capaz de llevar las riendas de la Iglesia aun en su estado semicomatoso; supongo que ya tendría quien le aconsejara, o –quizá mejor dicho– quien decidiera por él.

Respiremos hondo, y demos un paso adelante; no construyamos becerros de oro endiosando a nadie y aprendamos a pasar las páginas del libro de la historia. Y a Karol, que Dios lo tenga en su Gloria porque, con más o menos acierto, es innegable que lo dio todo.