14.12.05

Torvalds se pee, Gnome se caga

Hace nada, Linus Torvalds expresó su opinión acerca del sistema de escritorio Gnome de una forma especialmente desagradable, despreciando a sus desarrolladores y llegando a llamarles «jodidos idiotas». No voy a entrar en la (aburridísima) polémica KDE/Gnome, que nunca llega a ningún sitio, pero el suceso en sí me parece suficientemente interesante como para dedicarle unos momentos de reflexión.

Para empezar, el señor Torvalds no es la primera vez que discute no sólo de forma agresiva, sino recurriendo a la provocación y el insulto; es memorable su discusión con Andrew Tanenbaum acerca de la arquitectura del núcleo. A mí me la trae muy floja si Linus tiene serias carencias en su inteligencia social y cree que la mejor forma de mostrar sus discrepancias con un proyecto es insultar a sus desarrolladores en la lista de correo, pero parece que hay muchísima gente dispuesta a tomarse en serio sus pueriles pataletas.

Y es que el mensaje que comenzó toda la polémica no hubiera pasado de ser considerado el ataque de un troll aburrido, estúpido y probablemente obeso si no hubiera llevado la firma de Linus Torvalds. Está claro que los desarrolladores del proyecto Gnome tienen muchísima experiencia en internet, y normalmente no perderían con un mensaje así más de diez segundos de su tiempo, pasando a descartarlo automáticamente, por provocador. Sin embargo, al ver que el autor era el celebérrimo Linus Torvalds, se han tomado la molestia de argumentar, reflexionar, y discutir con él; y, por si fuera poco, el tema se ha extendido por los blogs y por Slashdot y Barrapunto, como si se pretendiera que señalando a una mierda que acaba de estallar fuera a desaparecer su olor.

¿Dónde está la cultura hacker, la de la meritocracia, la de valorar cada opinión por sí misma ignorando si el autor es premio Nobel o si está en el corredor de la muerte? En estos momentos me pregunto para qué cojones perdió el tiempo Eric Raymond escribiendo «Cómo ser un hacker», si luego resulta que no se lo creen ni los que dicen que se lo creen. Tanto hablar de la importancia de las ideas, del comportamiento social en Internet y de los modelos de desarrollo libres, para acabar entrando en una acalorada discusión que se veía desde el principio que no iba a llegar a ningún sitio.

Lo que hubiera sido verdaderamente bello, lo que hubiera dejado huella para la posteridad y habría sido una lección para generaciones posteriores habría sido hacer callar a este hombre, o al menos exigirle que se disculpara y que expresara su opinión de otra forma. Es bastante probable que él, en su ya más que evidente arrogancia, se hubiera negado a hacerlo; sin embargo, alguien le habría dado una lección, y eso es algo que a los gurús endiosados no les pasa muy a menudo. Total, que al final nadie gana, pero Linus pierde.

12.12.05

Filosofía de parada de autobús

No hay ninguna conversación en el mundo que me aburra más que esa en la que un tipo mucho más corto de entendederas de lo que él se cree se dedica a repetirte incesantemente cualquier obviedad estúpida que a su juicio es el gran descubrimiento humanístico o filosófico que ha de revolucionar el pensamiento del siglo XXI. Este tipo de conversación suele girar en torno a algún tópico manido hasta la saciedad, pero nuestro interlocutor siempre ignora este hecho y nos lo explica varias veces, insistiendo, repitiendo ideas y poniendo ejemplos, como si fuéramos demasiado tontos para entenderlo a la primera.

Los perpetradores de este delito contra la presunción de inteligencia del prójimo –porque lo sensato es empezar una conversación considerando que el otro es tan inteligente como uno, por lo menos– son por lo general hombres mayores que presumen de haber vivido mucho cuando en realidad sólo han vivido lo mismo muchas veces. Sus víctimas preferidas son los invitados a las bodas con una copa de más, y los jóvenes que aún no hemos terminado la carrera (no necesariamente en ese orden). Nos iluminan informándonos de que para encontrar trabajo lo mejor es un buen enchufe, de que a los violadores deberían colgarlos de los huevos, o de que no todos los inmigrantes son iguales. Nosotros, educados, sonreímos y hacemos como que estamos aprendiendo algo de ellos, aunque sólo sea por guardar las apariencias o por no herir sus sentimientos.

Probablemente, este tipo de personajes sean los mismos chistosos sin gracia de los que hablaba hace poco Hernán Casciari, introduciendo una dura pero interesante reflexión.

No quiero demonizar al imbécil, porque en su pecado reside también su castigo. El hombre mediocre, en realidad, no es un tipo ruin, ni maldito, ni hijo de una gran puta. Es un pobre diablo. Pero tiene algo sin embargo que lo convierte en maléfico: nos obliga a optar entre ser hipócritas y sonreirle la gracia, o ser mal educados y mandarlo a la mierda. No nos deja la posibilidad de salir airosos de su discurso vulgar y repetitivo. Nos pone entre la espada del careteo y la pared de la violencia.

Hernán Casciari, en
«¿Me puede repetir la pregunta?»



Supongo que es un triste consuelo, pero al menos la próxima vez que tenga que sonreír estoicamente a uno de estos filósofos semi-analfabetos podré consolarme pensando que tiene la mejor de las intenciones, a pesar de poseer la peor de las aptitudes.

10.12.05

Homenaje tardío de un catorce de septiembre

Jamás me atreví a decírtelo, pero siempre tuve claro que en esta historia, desde el principio, la verdadera heroína fuiste tú.

Tú sabías mejor que nadie cómo iba a terminar todo. Tenías claro que él no iba a llegar a la treintena, que no había solución, que algún día se marcharía para siempre y nos dejaría a todos con cara de resignación y un montón de cosas por decirle.

Y tú te mantuviste a su lado, luchando contra el miedo, amándole y sonriendo; y cuando llegó el fatal desenlace nos abrazaste a todos con ojos llorosos, pero sin dejar de transmitir toda esa fuerza que escondes bajo tu aparente fragilidad.

Yo no sé hacia dónde irán ahora tus pasos, pero al menos puedo confiar en que no hay en el mundo tormenta que pueda hacer zozobrar el barco de tus sueños.

16.10.05

Mierda

¿Qué es peor que pisar una mierda de perro el viernes por la noche? Pues pisar una mierda de perro el viernes por la noche, salir el sábado con otros zapatos y pisar otra mierda de perro.

No llevo demasiado tiempo en Brest, pero algo me hace sospechar que tiene uno de los mayores índices de mierdas de perro por habitante del mundo. Peor aún, me inquieta la posibilidad de que los informes, malolientes y resbaladizos montoncitos color marrón verdoso no sean precisamente de perro.

Sea como sea, nunca me había fijado en que las suelas de los zapatos tienen recovecos prácticamente inalcanzables, auténticos paraísos para los trozos de mierda resecos que deciden quedarse a hacerte compañía incluso después de que hayas aplicado escrupulosamente agua y jabón. Uno acaba pensando que los diseñadores de suelas de zapatos sienten algún extraño tipo de placer sádico cuando deciden incluir muescas estrechas y redondeadas especialmente difíciles de limpiar: «Joder, el zapato es feo, pero esta suela va a recoger más mierda reseca que ninguna que haya diseñado antes el hombre».

Supongo que la solución provisional pasará por mirar al suelo mientras camino y, por si esto falla, comprar un cepillo.

4.10.05

Es mi opinión

Creo que no me equivoco si digo que nada ha hecho tanto daño a la capacidad de raciocinio del homo sapiens medio como la mal llamada «libertad de opinión», que en realidad no es otra cosa que el relativismo aplicado por imbéciles. Y lo digo con conocimento de causa, porque cada vez más a menudo me veo obligado a retirarme de una discusión insultantemente absurda sólo porque la otra persona considera que la barbaridad que acaba de decir merece respeto por el mero hecho de ser su opinión.

Parece ser que cualquier estupidez supina puede pasar por argumento válido si se la disfraza de opinión, a menos que contradiga alguna conocida ley de la física más elemental. Vamos, que es cierto que nadie da crédito a la opinión de que si salto de un noveno no me voy a hacer daño, pero cuando se entra en terrenos más nebulosos el asunto se complica bastante, y a menudo cuesta hacer entender al otro que sólo con opiniones no se va a ninguna parte.

Lo voy a decir claro: una opinión, desnuda y sin aliño, no vale una mierda; o, dicho de otro modo: una opinión vale, simple y llanamente, lo mismo que los argumentos que la sostienen. Supongo que para que esto empiece a entrar en las cabezotas de nuestros contertulios, es necesario un cambio radical de planteamiento: que, a partir de ahora, ninguna opinión merezca respeto hasta que se lo gane.

Si de verdad nos creemos este razonamiento, si empezamos a exigir y dar razonamientos coherentes, y si empezamos a no escudar nuestra ignorancia en la seguridad de que todo es opinable (especialmente cuando se desconoce el tema por completo) puede que algún día empecemos a aprender cosas en el café, en lugar de pasárnoslo tratando de convencer a los demás de que opinamos que están equivocados y que, por lo tanto, lo están.

PD: Eso sí, es un hecho que Idaira desafina, y por lo tanto no merece estar en la Academia. He dicho.

15.9.05

Elegía

Algo me dice que, estés donde estés, ahora mismo casi te hace gracia que te esté llorando tanto. Igual ni te lo imaginabas, pero siempre te hiciste querer, cabroncete.

Descansa en paz, y ve preparando unas birras. Nos vemos antes de cien años.

31.7.05

[Foto] Microbotánica urbana

He decidido participar en la gimkana fotográfica organizada por algunos colegas bloggers este verano. La verdad es que me apetecía sacar la cámara de casa y probar algunas cosas, así que ha sido la excusa perfecta para pasar un rato entretenido y, de paso, retozar por el césped un rato.

El tema de la semana era «Formas de la naturaleza», y la foto que yo presento se titula «Microbotánica urbana». Para ser la primera vez que salgo a hacer fotos, me siento bastante satisfecho:

Microbotanica urbana

La decisión ha sido dura, he estado dudando entre esa y un par de fotos más, pero creo haber elegido bien. En fin, que poco a poco se aprende.

28.7.05

I cut myself

It is that I cut myself with this bar's letter, o, dicho de otro modo, es que me parto la caja con la carta de este bar:

Malas traducciones

Aparte de los predecibles brave potatoes y octopus to the Galician, hay sepia to the iron (ahí, que se note que la sepia es producto autóctono) y un squids to the Roman one, como queriendo hacer ver que se conoce bien la gramática, y planteando la seria duda filológica de por qué se dice to the Roman one en un sitio y to the Galician en otro.

Hilarious. Sólo falta la Valencian for-her para tener un bingo completo.

28.6.05

Legítimamente orgulloso

Hoy, 28 de junio, es el día del Orgullo Gay, por lo que muchas ciudades organizan el próximo fin de semana la ya habitual manifestación, desfile, o como quiera que se pueda llamar a semejante mezcla de fiesta y reivindicación.

Al llegar estas fechas, muchos heterosexuales se preguntan por qué tiene que haber un día del orgullo gay, como si hubiera algún mérito en tener determinada orientación sexual. Y la verdad es que, superficialmente, esa objeción parece tener mucho sentido; sin embargo, un análisis un poco más detallado de la realidad nos lleva a conclusiones totalmente distintas.

A los heterosexuales nadie les pregunta cómo puede ser que les gusten las personas del otro sexo; tampoco nadie les mira con una mezcla de sorpresa y asco cuando se besan en público, y sus padres no les amenazan con echarles de casa al cumplir los dieciocho si no están dispuestos a cambiar. Los heterosexuales pueden mencionar a su pareja en todo tipo de conversaciones sin temor a represalias sociales ni familiares, y no tienen que pasar por el suplicio de esconder temporalmente un secreto a sus más íntimos amigos.

Para más inri, actos que se consideran normales en las personas heterosexuales son interpretados por algunas personas como una especie de desafío si vienen de un homosexual: si hace comentarios acerca del atractivo físico de otras personas, si besa a su pareja en público o si habla con naturalidad de su último ligue, le acusarán de airear su sexualidad de forma ostentosa e innecesaria.

Precisamente por eso, por tener que andar luchando por cosas que deberían estar más que conquistadas, y por tener que pasarse la vida dando explicaciones innecesarias, es por lo que existe el Orgullo Gay. De hecho, creo firmemente que los objetivos del activismo homosexual se habrán cumplido en el momento en que el día del Orgullo deje de tener sentido.

17.6.05

Una pena

Es una pena, pero no voy a poder ir a la estupenda manifestación de mañana en Madrid en contra de los matrimonios homosexuales (y no a favor de la familia, como quieren hacernos creer unos cuantos). Lástima, seguro que en primera fila va gente de opiniones tan respetables como Ana Botella, quien seguro que podría deleitarme con una sesuda reflexión sobre las peras, las manzanas, y quizá hasta la macedonia.

En fin (y dejando el sarcasmo a un lado), si alguien tiene tiempo libre que se acerque por Madrid, que actúa Carlinhos Brown. La manifestación del odio y la intolerancia disfrazadas de defensa de lo social estará sólo a unas pocas calles.

Just Married

Y si te apetece, pásalo.

8.6.05

[Minicuento] Trabajando de madrugada

El ordenador emitió un sonido familiar, y se alzó una ventana; alguien le hablaba.

Eru dice: las mejores canciones siempre son las que me hacen llorar
Eru dice: la habré escuchado unas ocho veces seguidas
EJota dice: siempre igual, cada vez que descubres una canción que te emociona te pones de un pesao que no hay quien te aguante
EJota dice: además, a ver si vas terminando eso que cuando me lo pases yo todavía tengo que juntarlo todo y arreglar el formato

Él supo que acertaba al imaginarse que al otro lado la canción ya sonaba por novena vez, y que alguien sonreía feliz mientras le bajaban dos lágrimas por las mejillas.

6.6.05

El testigo musical sacando a Eru de sus cenizas

¡No sufráis, no me he muerto! Hoy mismo tenía que entregar el que posiblemente es el trabajo más duro de la carrera (y no es el proyecto), así que he tenido que dejar el blog un poco de lado.

Para ir volviendo a coger carrerilla, contesto al (ya archiconocido) testigo que me pasó Jaco

Testigo recibido de:
Pues eso, de Jaco, Jacobo, *J :)

Tamaño total de los archivos de música en mi ordenador:
Aquí poco más de 2Gb; en el viejo tengo más, pero lleva meses con la fuente de alimentación rota (vale, no lo usa nadie). De todas formas, me gusta más escuchar las mismas cuatro cosas hasta la saciedad que atesorar millones de canciones.

Último disco que me compré:
Esta sí que es difícil. La verdad es que no recuerdo haber comprado un disco en MUCHO tiempo.

Canción que estoy escuchando ahora:
«Quan es faci fosc», de Sopa de Cabra.

5 canciones que escucho un montón o con algún significado para mí:
¿Solo cinco? Veamos:

* «Ojalá», de Silvio Rodríguez: la primera vez que la escuché me hizo estremecer, y desde entonces estoy enamorado de ella.

* «La chispa adecuada», de Héroes del Silencio: no sé exactamente por qué, pero la escuchaba mucho en esa época de mi vida en la que odiaba ser quien soy, me sentía solo y además estaba perdidamente enamorado de alguien que sabía que no me iba a querer jamás. Ah, y que es una canción brutal, no lo olvidemos.

* Casi cualquiera de Ismael Serrano, pero (si se me permite) me quedo con «Ya ves» y «Tierna y dulce historia de amor» (sí, sí, la del diputado que se enamora de la quinceañera).

* «Amarok», de Mike Oldfield: sesenta minutos de música, sin cortes. Mike Oldfield la compuso poco después de «Tubular Bells», y a la compañía de discos le pareció demasiado extraña para venderla en grandes cantidades y se negaron a producirla. La pagó él de su bolsillo y, que yo sepa, cuesta mucho encontrar originales.

* Y algunas de Magnatune, como The tale of room 620 (Ehren Starks) o Segue (Curandero).

5 personas que tendrán que recoger el testigo y poner el mismo post, si se animan:
La verdad es que como esto ya ha crecido bastante (exponencialmente, así cualquiera), y además «meme» y «memez» se distinguen sólo por muy poco, lo voy a cortar aquí. Que no, que no se lo paso a nadie.

18.5.05

Felicidad y menudencias

Pedro Cid se preguntaba hace nada en su blog en qué consistirá exactamente la felicidad, y de qué forma nos podemos acercar a ella. Y yo, cuantas más vueltas le doy, más claro tengo que si no somos capaces de encontrar las respuestas es porque en realidad todo es extraordinariamente sencillo y transparente.

Hace algo más de dos mil años, el hijo de un carpintero revolucionó las ideas filosóficas de sus compatriotas judíos, siendo el primero que se atrevió a decir que la felicidad sólo se consigue cuando se regala, y que para llenar el corazón hace falta entregarlo a los demás. Y ya está.

Aún hoy se escriben montones de libros de autoayuda, y muchos recogen precisamente esas ideas y las convierten en un best-seller. Pero lo verdaderamente maravilloso es que no hace falta leer doscientas páginas de escritura descuidada, ni memorizar las siete claves del éxito, ni aprender complejos patrones de comportamiento que nos acerquen a la tan ansiada felicidad.

En realidad, todo lo que se necesita es vencer las dos patologías más extendidas del mundo occidental: el miedo y la vergüenza. Si lo conseguimos, nos atreveremos a decirle a ese compañero cuánto valoramos su amistad, a llevarle a esa amiga una copia enmarcada de aquella foto que nos hicimos en la discoteca a las cinco de la mañana, o a agradecerles a nuestros padres que hayan trabajado tanto para que llegásemos a ser quienes somos.

Y es que el secreto está en cuidar los gestos pequeños: si cada día hacemos sonreír a una persona, poco a poco veremos cómo los demás vencen sus propios miedos y nos devuelven, con creces, todo lo que hemos dado por ellos. El resto de cosas que el alma de cada uno necesita (esa novia, esa autoestima perdida, ese sentirse valorado y querido) vendrán, como ya dijo aquél célebre hijo de carpintero, por añadidura.

17.5.05

[Microcuento] El unicornio azul

Mientras se abrazaban desnudos en el sofá, le dijo que lo consideraba su unicornio azul, como en aquella canción de Silvio. Disimulando la emoción, él le mordisqueó suavemente la nariz y entre risas le contestó que lo bonito de las metáforas es, precisamente, no tener que explicarlas.

Mientras Chuck Norris anunciaba un aparato de gimnasia en la teletienda, siguieron besándose en silencio; y es que los unicornios azules aman con pasión las cosas extraordinarias que se esconden en las situaciones normales y corrientes.

10.5.05

Las parejas invisibles

Las parejas invisibles deambulan por las ciudades mucho más a menudo de lo que la gente cree: pasean por el centro, miran escaparates, o se toman un cortado y una cocacola en cualquier cafetería. Todo el mundo las ha visto mil veces sin saberlo, y pensó que eran sólo dos chicos, o dos chicas, que habían salido a dar una vuelta.

Son parejas que en la calle no se dan la mano, ni se besan, y que incluso evitan las miradas de complicidad que inconscientemente comparten todos los enamorados. Luego, por fin a solas, los miedos quedan del otro lado de la ventana y sus cuerpos expresan todos los sentimientos que han estado conteniendo durante horas.

La peor discriminación es la que se produce no por falta de derechos, sino por la incapacidad de ejercerlos. Y, en este caso, el miedo a las miradas reprobatorias, a los cuchicheos mal disimulados o incluso a la violencia física es el mayor impedimento para hacer uso de una libertad que demasiado a menudo se da por supuesta pero no se garantiza.

Lo más curioso de las parejas invisibles es que sucede como con los elefantes rosas: una vez te las mencionan, no puedes no pensar en ellas. Es posible que haya quien después de leer esto las vea por todas partes y, de repente, descubra que la invisibilidad surge a partes iguales de quien ve y de quien es visto.

Al menos, me queda la esperanza de que si todos proclamamos su existencia, quizá la ciudad se vaya acostumbrando a encontrarlas, para finalmente aburrirse de verlas besarse. Sólo entonces estas parejas podrán volver a ser, como todo el mundo, felizmente invisibles.

6.5.05

[Audioentrada] Ya ves

A menudo me siento aquí delante, cojo la guitarra y le canto al aire las mismas canciones que cuando tengo ocasión dedico a mis amigos. Por unos instantes, secuestro una canción de Ismael Serrano, Silvio Rodríguez, Pedro Guerra o incluso Daniel Higiénico, y mientras acaricio estas seis cuerdas que tantas satisfacciones me han dado, la hago mía y al mismo tiempo le regalo una parte de mí.

Como todos los músicos, yo también soy un poco vanidoso, y, después de hacer mil y una pruebas, he conseguido una grabación casera medianamente aceptable de una canción que puedo enseñar al mundo entero con cierto orgullo contenido. Con sólo el micro integrado del portátil, una grabación sin retoques y una tubería de
Gstreamer para pasar a mp3, me las he apañado para ofreceros mi particular versión de «Ya ves», de Ismael Serrano:

«Ya ves», interpretado por Daniel Ripollés

El mp3 ocupa casi 9 megas, pero como el ancho de banda de bajada hoy en día suele ser bastante grande, supongo que no será un gran problema.

Como curiosidad, resaltar que cuando Ismael canta en femenino yo lo hago en masculino; rarezas que tiene uno.

Por supuesto, el fichero de audio que ofrezco no es más que mi interpretación personal (y sin ánimo de lucro) de una obra de un artista al que admiro y respeto. Por si las moscas :)

5.5.05

* Eru quita el modo +Apático

La parte buena de que todo te dé igual es que todo te da igual, por lo que no has de preocuparte demasiado; la parte mala es que siempre hay algo que no te da igual y te acaba jodiendo la aparente felicidad Zen en la que te encuentras.

Cuando te das cuenta de que te acuestas a las cinco de la madrugada sin haber hecho nada productivo, de que podrías levantarte más pronto pero no tienes ninguna motivación que te empuje a hacer el esfuerzo y de que cada vez te cuesta más enfrentarte a los problemillas cotidianos, decides que es el momento de parar, mirarse al espejo y decidirse a arreglar las cosas.

Acostarme algo más pronto, dormir siete horas, ponerme a muerte con el compilador; parece una tontería pero ir haciendo cosas como esas me están ayudando a sentirme mejor; y cómo no, escribir entra dentro de esa categoría.

Vamos, que estoy de vuelta; que no me he muerto, que sigo con ganas de criticar al universo en general (y al mundo en particular), de escribir las historias que pasan por mi enfermiza cabezota, e incluso de torturar al mundo con mis producciones musicales (ehem).

Permanezcan atentos a sus pantallas.

PD: Comentaba el colega Peralta que estaría bien que la gente del Planet diéramos las IDs de Jabber y tal. Invitados estáis a charlar conmigo:

JID: ripolles arrobita aditel puntito org

6.4.05

Más papistas que el Papa

Vale que se muera una de las personalidades más reconocidas en todo el mundo, cabeza visible de la Iglesia Católica e influyente donde las haya. Vale que se le hagan homenajes, que se recuerden los momentos más destacados de su vida, y que se alaben sus (parece ser) innumerables cualidades.

Pero ya está bien. Decían hoy en la radio que por la capilla ardiente pasan unas trescientas personas por minuto; que se están fletando aviones, autobuses; que la Plaza de San Pedro está abarrotada y llena de cantos, de rezos, de minutos de silencio y hasta de llantos desconsolados.

De todo este circo, lo primero que me llama la atención es, curiosamente, una triquiñuela bien conocida: para convertirse en la mejor persona del mundo, no hay nada como morirse. De repente, la memoria colectiva sufre una especie de colapso y nadie se acuerda del Papa que rechazó en plano los métodos anticonceptivos, del impulsor de la repugnante doble moral eclesiástica de amar a los homosexuales y aborrecer sus relaciones, del que ha llevado a lo más alto a polémicos grupos ultraconservadores como el Opus Dei.

Otra cosa que, en cierto modo, me ha hecho tirarme de los pelos por bastante tiempo, ha sido la hipocresía de los medios de comunicación en los últimos meses con respecto a la salud del pontífice. Todas las televisiones hablando de la buena salud del Papa, y él mientras tanto asfixiándose y mostrando evidentes signos de decrepitud.

Eso sí, de la cabeza estaba perfecto; me gustaría ver a quien dijo eso con parkinson, dificultades respiratorias y achaques varios tratando de hacer algo tan tonto como la lista de la compra. Eso sí el señor Karol tenía tal fortaleza mental que era capaz de llevar las riendas de la Iglesia aun en su estado semicomatoso; supongo que ya tendría quien le aconsejara, o –quizá mejor dicho– quien decidiera por él.

Respiremos hondo, y demos un paso adelante; no construyamos becerros de oro endiosando a nadie y aprendamos a pasar las páginas del libro de la historia. Y a Karol, que Dios lo tenga en su Gloria porque, con más o menos acierto, es innegable que lo dio todo.

17.3.05

Terapia de choque

Saltando de enlace en enlace he llegado hasta esta colección de chicos haciendo cosas que habitualmente no vemos por la calle; que nadie siga leyendo sin echarle un vistazo, por favor.

Por desgracia, habrá quien se ofenderá por el contenido. Bienvenidos al siglo XXI.

16.3.05

Microencuentros

#1
–¿Estudias, trabajas, robas a los ricos para dárselo a los pobres?
–Sí, en ese orden.

#2
–Si no dejas que te la chupe, gritaré y te denunciarán por pederasta.

#3
–¿Cortado con mucha leche?
–Sí, soy yo.

#4
–Si no fuera autista te acompañaría en el sentimiento, así que acepta mis disculpas.

#5
–Vaya, lo siento. Le aseguro que es la última vez que le atropello con el camión.

14.3.05

Musas

Hay quien dice que ama a sus musas; que son delicados seres de cabellos rubios y mejillas sonrosadas que llegan hasta uno tocando el arpa y generosamente le inspiran las más bellas metáforas y las mejores historias: estrellas fugaces, desamores imposibles, genios en botellas de tequila.

Yo, por el contrario, pienso que son unas hijas de puta; abyectos engendros ególatras de lengua bífida y piel azulada que te muerden el cuello en el peor momento, con cualquier excusa: una idea original en la ducha, una frase ingeniosa conduciendo, un haiku mientras te limpias el culo. Hay que joderse.

La musa que más detesto, la de las amargas críticas, siempre se va de copas justo cuando intento escribir algo, y en ocasiones hasta tiene la desfachatez de llamar para decirme que no la espere despierto. Después, llega cuando estoy en la cama y me desvela contándome batallitas que sabe que al día siguiente habré olvidado por completo.

La musa de los microcuentos es más benévola, aunque menos predecible. Le gusta entrometerse en algunas de mis conversaciones, susurrándome historias al oído y, de rebote, rompiendo el ritmo de la charla. Lo que sí me gusta de esta musa es que casi nunca me encuentra medio dormido, así que aprovecho bien sus visitas.

Después hay otras musas, las más numerosas y malvadas: la de la prosa poética, la de las melodías, la de las idas de olla... Todas me maltratan del mismo modo: vienen, me roban la tarde, y me dejan un montón de pedazos por juntar. Lo peor es que los pedazos nunca encajan del todo.

No hace falta decir que las odio a muerte. Y que amo la delicada egolatría, las suaves lenguas dobles y las azuladas escamas brillantes con que me seducen. Benditas fulanas de la creatividad.

7.3.05

[Microcuento] ¡Brrroooummm!

Miró hacia la izquierda, y lo último que escuchó fue el efecto Doppler del autobús rojo que lo atropellaba.

1.3.05

[Microcuento] Nimiedades

–Te quiero –dijo, con esa mirada bobalicona y alegre de los enamorados, mientras le tomaba de la mano– más que a nada en el mundo. Te necesito cerca, y mi vida sin tí no tendría sentido.

–Pues mi amor por ti es tan nimio que no encuentro palabras para expresarlo –contestó, apartando la vista y tragándose un suspiro.

Y los dos quedaron satisfechos.

14.2.05

La música se muere

Hace algún tiempo, los señores de la SGAE, tan preocupados como siempre por proteger a los autores (lo de ganar dinero es secundario, dicen) perpetraron una campaña publicitaria basada en el eslogan «La música se muere». Y el caso es que, aun sin quererlo, acertaron más de lo que pensaban.

Es cierto que la música se muere; perol por mucho que les duela a algunos multimillonarios de dudosa moral, la culpa no es del top manta, ni del eMule, ni de los CDs grabables. Más bien al contrario: la culpa es de las creaciones de los músicos de tres al cuarto que nos vemos obligados a digerir.

Que la música popular se está convirtiendo en una continua repetición de dos ritmos machacones, tres acordes y cuatro versos facilones y predecibles es algo evidente para cualquiera que distinga una síncopa de una anacrusa, o un séptima mayor de un mayor séptima. El abuso de las armonías tontas y la cada vez más alarmante escasez de creatividad y talento son el denominador común de la música más popular, hasta el punto de hacernos insensibles a la mediocridad.

Porque lo peor no es que haya música mala, o que una pandilla de cantantes sin voz, compositores de tres acordes y artistas de creatividad precocinada (pero muy follables, por cierto) se dediquen a torturarnos con su presunto talento, sino que sean los líderes indiscutibles del panorama musical a nivel mundial, se lleven los premios y los millones, y acaparen el repertorio de las duchas de los hogares.

¿Qué provoca todo esto? ¿Marketing? ¿Estupidez supina? ¿Una combinación de ambos? Yo trato de mantenerme al margen, básicamente huyendo de Los 40 Principales como de la peste bubónica, pero aun así parece que siguen ganando terreno. Y lo que nos queda por oír.

Señores de la SGAE, autores con sobresueldo y compañías discográficas, todos tienen razón: la música se muere. Pero a ustedes les viene de puta madre.

29.1.05

[Audioentrada] Lalala en LaM

Hoy me salgo del tono habitual del weblog, y no me meteré con nadie ni nada (¿qué pasa? Es mi gato y me lo follo cuando quiero). He decidido poner una grabación y una partitura a disposición del público, para que me peléis y critiquéis y me recordéis que me queda mucho trabajo por hacer (lo cual es absolutamente cierto).

El audio lo podéis descargar de este enlace:

Lalala en LaM (fichero ogg)

Es una grabación super cutre, con un montón de fallitos, en mono y tal... lo importante no es que se vea lo bien o lo mal que toco (que ahí sueno bastante mal, por cierto), sino enseñar la pequeña obrita.

Para los guitarreros, hay partitura en esta direccion:

Partitura en PDF de Lalala

Desgraciadamente, aún no sé como indicar dedos y números de cuerda. Estudiando bien las notas, las posiciones salen, pero en fin, que sería deseable tener algunas anotaciones y no la partitura «en crudo».

En fin, consideradlo todo como una versión beta. Ya me contaréis.

PD: El título, como podéis imaginar, también es beta; de hecho el título es algo así como pre-alfa. Se admiten (y se esperan) sugerencias :)

27.1.05

Las quintas de los servicios

Este verano leí en la pared de los servicios de un local de Benicassim:

Putos niñatos punkies, sólo sabéis hacer putas quintas y ya os creéis que tocáis la guitarra.

Quizá no era exactamente así, pero en todo caso era muy parecido. Sea como sea, el que lo escribió tenía razón. Voy a explicar un poco de qué va el tema para los que no controlen de guitarra.

La técnica a la que se refería el airado mensaje consiste en poner tres dedos en determinada postura, y, tocando sólo las tres cuerdas más graves, moverlos por los trastes; de esta forma salen «acordes» que no son mayores ni menores, y que por lo tanto sirven para acompañar cualquier canción. Es el típico «dan dan dan dan dan dan» de los grupos tipo Greenday o Blink.

Y bueno, no es tan malo dedicarse a hacer quintas para acompañar canciones, pero a los que hemos tocado la guitarra más en serio nos suena casi a chiste. En el fondo, y siendo muy políticamente incorrecto, creo que después de haber tocado cosas como En los trigales de Rodrigo, o la versión para guitarra de la Serenata Española de Malats, que le vengan a uno con las quintas es poco menos que una tocada de huevos.

Llevando un poco más allá el tema, a veces me incomoda un poco cuando me hablan de los «prodigios» que hacen algunos guitarristas del heavy metal. Suelen ser fragmentos a gran velocidad, con muchos ligados, muchos mordentes y apoyaturas. Que sí, que está bien, pero juegan con ventaja: una guitarra eléctrica los ligados te los hace sin esfuerzo, mientras que yo con la española me tengo que hinchar a ejercicios. Ojo, eso no quita que sean guitarristas muy buenos, pero en cierto modo la «proeza» no es para tanto.

Por cierto (y por último, que me está quedando una entrada muy desordenada, y más tonta de lo normal), últimamente estoy ensayando bastante con la guitarra. Si encuentro la forma de grabar medio bien igual cuelgo alguna composición instrumental mía que tengo por ahí.

Sí, es puro egocentrismo, pero es que un tema que nadie escucha es como si naciera muerto.

24.1.05

[Minicuento] Dos años tarde

Estaban sentados en uno de esos bancos de los parques que parecen estar reservados para las parejas de enamorados, o para las madres con niños pequeños; él estaba visiblemente emocionado.

–¿Dónde has estado toda mi vida? –le dijo, tratando de sonar romántico.

–Probablemente, buscando a alguien completamente distinto a ti –cortó.

–Pero ahora que llevamos casi seis meses juntos te das cuenta de que–

–De que eres idiota perdido. Sabes perfectamente que llevo dos años y medio con Marcos, que tú jamás has sido mi novio y–

–y que llegué dos años tarde, lo sé –dijo bajando la mirada, y sin tener muy claro a quién de los dos pretendía convencer.

–No seas ingenuo, nunca habría estado contigo, aunque no conociera a Marcos.

–Pero soñar es gratis.

–¿Por qué no me dejas en paz? –pensó; y dijo– eh...

–He reservado una mesa en un buen restaurante. Será un aniversario inolvidable –musitó él.

22.1.05

Personalidades 6P

Mi hermano y yo, con la inestimable ayuda económica de mis padres, compramos hace poco una fabulosa guitarra Alhambra 6P. Estuvimos en varias tiendas, y probamos bastantes guitarras.

En una de las tiendas, nos dejaron a probar una 5P, pero no tenían ninguna 6P para que comprobásemos la diferencia entre las dos. El vendedor nos dijo que eran prácticamente iguales, sólo que la 6P tiene la tapa trasera bastante más gruesa (lo que se llama «ancho de concierto») y que tampoco se notaba tanto.

Afortunadamente, tuvimos la suerte de probar una 6P en otra tienda. Oh, Dios mío. Para un oído acostumbrado al sonido de la guitarra, la diferencia era bestial. Profundidad, cuerpo, volumen, riqueza en armónicos, pureza: más de todo. Una aparentemente sutil diferencia de fabricación produce una mejora impresionante.

A veces, con las personas nos pasa igual, y creemos que uno es igual que otro porque así lo aparentan. A mí, casi todo el mundo me parece buena persona; pero cuando uno se preocupa en pasar tiempo con los demás, en conocerlos más a fondo y escucharlos con atención, descubre que diferencias en un principio insignificantes hacen que algunas personas llenen mucho más tu vida que otras.

A todos mis amigos 6P (y modelos superiores, que los hay), gracias por marcar la diferencia con el resto, por estar a mi lado, por inspirarme, por hacerme pensar, y por convertirme en una mejor persona.

Por cierto, a ver cuándo hacemos una jam session.

20.1.05

Bocados de realidad

Bocado #1
Después de varios años como alcalde de su pequeña ciudad, el partido le propone dirigir un proyecto nuevo. El proyecto consiste en una especie de templo dedicado a fomentar la desaparición de la lengua local, disfrazado de centro cultural de promoción de la lengua del estado. En vistas de su historial político, a nadie le sorprende que acepte el cargo, y que inmediatamente comience a buscar asesores.

Bocado #2
Lleva años trabajando como telepredicador en una técnicamente infame televisión local de inversión privada e ideas profundamente conservadoras. Aún recuerda la polémica que suscitó un libro de tintes franquistas que escribió hace tiempo sobre la historia local, y la multitud de correcciones ortográficas y sintácticas a las que tuvo que ser sometido el texto. Hace poco ha recibido la llamada de una personalidad importante.

Bocado #3
El telepredicador y el ahora ex-alcalde se han reunido para ultimar los detalles: aquél se va a convertir en asesor de éste en el proyecto en el que ahora se embarca, sin que los ciudadanos sepan demasiado bien qué podra aportar, pues con toda seguridad no va a ser su cultura.

No es ficción

13.1.05

[Minicuento] Anomalías temporales

Esta tarde le dirá que está loco, y que jamás podrá construir una máquina del tiempo. Mañana se reirá cruelmente de él cuando lo vea encerrarse en el laboratorio a primera hora de la mañana. Y así durante los próximos diez años, cuatro meses y seis días.

Una tarde dentro de diez años, cuatro meses y seis días, se reirá como el villano de una película de acción al ver como arden los miles de folios llenos de fórmulas y las decenas de prototipos que abarrotarán el laboratorio.

Otra tarde, dentro de veinte años, ocho meses y doce días, se colará en el laboratorio para subirse en la máquina del tiempo con un mechero y una lata de gasolina.

–Diez años, cuatro meses y seis días hacia atrás, por favor –dijo.

Mediocridad

Voy a decirlo, a riesgo de parecer elitista: odio la mediocridad que me rodea. Acabo de terminar uno de esos trabajos de las asignaturas de libre configuración que se hacen en grupo con perfectos desconocidos, con los que se reparte el trabajo y, a partir de ahí, sálvese quien pueda. Y estoy bastante cabreado.

Por suerte o por desgracia, me ha tocado a mí juntar todo lo que me habían enviado. Es una suerte porque al ser tan perfeccionista me gusta revisarlo todo a fondo antes de imprimir; es una desgracia porque debo de haber perdido millones de neuronas por leer montones de párrafos como éste:

Por tanto, se trataría de generalizaciones que ignoran la variabilidad de los distintos miembros de un grupo, los rasgos de personalidad mas frecuentes en nuestra sociedad y que por tanto conforman lo que entendemos como estereotipo que son según la apariencia física, según las conductas de rol que desempeñen los miembros del grupo, los rasgos de personalidad o incluso los roles laborales.

No lo vuelvas a leer, no te esfuerces: no tiene sentido.

Lo verdaderamente dramático de todo este asunto no es que a mí me haya tocado trabajar con gente más o menos capaz, sino que lo que me está pasando es preocupantemente común, y parece que va a más.

Llevamos años ensalzando la ley del mínimo esfuerzo, descuidando la cultura, premiando a los tramposos (a menudo haciendo la vista gorda) y dejando morir de asco a los serios, responsables y trabajadores. Al final, nadie se esfuerza por superarse, ni lee sus trabajos dos veces, ni se preocupa por la excelencia.

Siempre se me dio mal el deporte; aun así, siempre hice lo máximo que pude en clase de educación física, incluso asistí a clases de judo mientras mis horarios me lo permitieron (creo que estuve unos diez años con ese deporte). ¿Qué habría pasado si todo el mundo me hubiera dicho que para qué me iba a esforzar, si nunca iba a ser de los mejores? Probablemente sería tan mal deportista como soy ahora, pero mucho más mediocre.

Y es que la mediocridad no está en la escasez de habilidades, sino en la falta de deseos de superarse. Lo peor de todo es que esta mediocridad es lo que más se premia hoy en día: da lo mínimo, gana lo máximo, y si puedes, sisa un poco.

Me cago en todos los mediocres.

9.1.05

Hiperventilar

De la página web de la RAE:
  • hiperventilar: Aumentar en exceso la frecuencia y la intensidad respiratorias.
Yo tengo una mejor: descubrir mientras repasas viejos correos electrónicos el 9 de enero que el día 14 no sólo has de dar la última presentación en público para la asignatura de Proyectos Inteligentes, sino que además debes entregar la memoria.

Eso sí que es hiperventilar.

5.1.05

[Minicuento] Tristemente extraordinario

En términos generales, la vida de un jugador de futbolín no es demasiado complicada: le basta con pensar en él mismo y en el balón, y todo lo demás le viene dado. Sin embargo (y para su desgracia), el portero del equipo azul del futbolín de aquel desvencijado salón recreativo era diferente a todos los demás.

Llevaba años mirando al defensa de la izquierda, y tenía que admitir que se había enamorado de él. No sabía demasiado bien de dónde venía este sentimiento, pero podía reconocerlo con claridad. También sabía que si se sentía profundamente desdichado era precisamente porque amaba a aquel defensa.

La mayor parte del tiempo se limitaba a observarlo; otras veces, cuando un niño jugueteaba volteándoles, podía ver la cara de su amado; en algún caso extraordinario, sus pies estuvieron a punto de tocarse, pero no llegó a sentir siquiera el mínimo roce.

Un septiembre cualquiera el futbolín fue sustituido por una moderna máquina de realidad virtual y, tras acumular polvo en un sótano por algún tiempo, acabó en una planta de reciclaje. El portero sabía que antes o después acabarían fundiéndolos a todos para construir cualquier otra cosa; por eso, cuando se sintió caer al horno, y por primera vez en su vida, sonrió.

Larguémonos de aquí

Una de las personas que más me inspiran para escribir me comentó hace algun tiempo que en muchas conversaciones pretendidamente artísticas (cine, relatos y demás hierbas) se abusa mucho de la frase «Larguémonos de aquí» para finiquitar el asunto. Me apetece hacer lo contrario: ¿cómo sería un microcuento que empezara por «Larguémonos de aquí»? Tengo varias posibilidades:

Larguémonos de aquí
  • ¿Por qué? Aún no ha llegado tu marido.

  • Sí, mejor: hay un B-52 en mi café.

  • ¿Tú también lo has olido?

  • Mejor te vas tú solo.

  • Te quiero.

Bien mirado, quizá tenga más gracia al final; o quizá, como sospechaba, no signifique nada realmente.